A continuación se efectuó un vuelo de entrenamiento diurno Quintero-Tocopilla-Cerro Moreno- fragata Condell, a 30 millas fuera de Valparaíso, y Quintero, empleando el radio compás e instrumentos de navegación astronómica. Un segundo vuelo nocturno fue despegando de Los Cerrillos, Valparaíso, fragata Covadonga en altamar frente a Valparaíso, Chañaral, radiofaro de Cerro Moreno, San Félix, Juan Fernández y Quintero, con una duración de 19:30 hrs. de vuelo para 2.313 millas náuticas y un consumo de 1.550 galones de combustible, con el que se batió el record de Chile de permanencia en el aire. Además se efectuó un vuelo a Juan Fernández utilizando enlaces y procedimientos radiotelegráficos navales con la fragata Covadonga y las estaciones costeras.
El 6 de enero se constituyó el Centro de Alerta al que se le asignaron el Catalina 406 al mando del teniente Jorge Vega, que actuaría en coordinación con la fragata Covadonga, en la que previamente se embarcaron 4.000 litros de combustible y que se apostaría en un punto intermedio de la ruta. El segundo avión de alerta fue el Catalina 402 a cargo del subteniente Erich Burchardt en tanto que el personal de mantenimiento y los repuestos zarparon en el vapor Allipén.
Finalmente se confeccionó el Plan de Vuelo entre La serena e Isla de Pascua por la ruta más conveniente, cercana al paralelo 30°Sur para una distancia de 2.047 millas. El despegue se fijó para las 19:30 horas local del 19 de enero, con el propósito de realizar la mayor parte del vuelo nocturno a fin de disponer de observaciones simultáneas de varias estrellas y de la luna para la navegación astronómica, manteniendo el rumbo 279° hasta los 90°W, donde se encontraba la fragata Covadonga, cambiando al 270° en la latitud 27°10’ Sur, la misma de la isla.
Las comunicaciones serían con las radioestaciones de Lengua de Vaca, San Antonio, Los Cerrillos, Quintero, Juan Fernández e Isla de Pascua, más la Fragata Covadonga y el vapor Allipén y una radioestación especialmente habilitada en el aeropuerto de La Serena a cargo del suboficial mayor radiotelegrafista José Correa B. asistido por el cabo Juan Ibarra que operó en las frecuencias 4.335 kc y 500 kc para emergencias. En tanto que las condiciones meteorológicas analizadas por el Servicio Meteorológico de la Fuerza Aérea, a cargo del meteorólogo Millán Toro, auxiliado por el cabo ploteador Luis Hernández y el cabo Manuel Antúnez encargado de los sondajes aerológicos, pronosticaban un anticiclón con 4/8 de nubosidad cumuliforme entre los 600 y 1000 metros, visibilidad ilimitada y vientos favorables de los cuadrantes SE, E y NE.
El aterrizaje en la pista de Mataveri se calculó para las 10:30 am. Hora insular, y 13:30 horas en Santiago, del 20 de enero.
Una vez culminados los preparativos, poco antes de las diez de la mañana del 18 de enero, tras una breve ceremonia de despedida, el Manutara y su tripulación despegó a La Serena escoltado por tres bombarderos North American B-25J Mitchell, también basados en Quintero.
Al día siguiente, la actividad comenzó temprano con la revisión final del avión, el chequeo de los sistemas de las radiocomunicaciones, cartas e instrumentos de navegación y la supervisión del carguío de combustible, todo aquello ante un gentío que aumentaba con el correr de las horas, interesado en compartir con la tripulación, conocer el avión y los detalles del vuelo y desearles un feliz viaje.
La expectación recorría el país. La radio Cooperativa Vitalicia envió un equipo de prensa encabezado por su director y periodista Adolfo Yankelevich, al director de programación Raúl Aicardi y al locutor Juan Ramón Silva en el Catalina 406, que quedaría de alerta en La Serena, quienes serían los encargados de llevar todas las alternativas del vuelo a través de su cadena de emisoras hasta el último rincón de Chile.
Para la tarde, la multitud sobrepasaba las 25.000 almas, incluyendo al Presidente de la República Gabriel González Videla, el ministro de Defensa Guillermo Barrios Tirado, el subsecretario de Aviación, Darío Callejas, el general Aurelio Celedón, el alcalde de La Serena Ernesto Aguirre, el arzobispo monseñor Alfredo Cifuentes quien les obsequió una medalla de Nuestra Señora de Andacollo a los tripulantes y una infinidad de autoridades provinciales y de la Guarnición Militar de La Serena que se hizo presente con su banda de músicos para rendir los honores correspondientes.
Los discursos se sucedían frente a la tripulación correctamente formada frente al avión que respondieron con sus gorras en alto, un fuerte Viva Chile, Viva la Fuerza Aérea y tres hurras antes de subir al anfibio, poner en marcha los motores y despegar hacia el sol poniente, en medio de miles de pañuelos blancos.
A bordo cada uno se concentró en sus quehaceres para la larga travesía de 19 horas y 20 minutos de vuelo continuo. En palabras del capitán Parragué la llegada “Bajamos a 300 metros y seguimos volando entre nubes y chubascos de buen tiempo. Preciosos arcoíris se formaban como para dar la bienvenida al avión que por primera vez visitaba esos mares. Se aproximaba el momento más emocionante de nuestro vuelo. Las situaciones que calculé al observar el sol, me indicaron que habíamos de avistar la isla a las 13:30 horas. Cuando llegó ese momento, me trasladé a mi puesto de piloto y espera con la impaciencia del que espera ver realizar el sueño de casi una vida. Por otro lado, con el temor de haberme equivocado en los cálculos y la responsabilidad ante los que tan confiadamente me acompañaban en el vuelo. La responsabilidad me hacía olvidar el cansancio de toda una noche sin dormir. En esas meditaciones estaba cuando exactamente por la proa distinguí la silueta inconfundible del volcán Rano Kao. Eran las 13:33.”